“Sin dudas es uno de los artistas más importantes que ha dado nuestras pampas. Y es nuestro. No solamente fue un genial artista, también un ser humano excepcional y un tipo muy humilde”, expresó Jorge Pablo Rosolén, una de las personas que más tiempo compartía con él en los últimos años.
Garzo nació el 15 de febrero de 1930. Con 23 años se fue a Buenos Aires llevando 7.000 pesos, que eran ahorros producto de fabricar un mueble para Chichí Armendáriz y otro para Horacio Pereyra. Su pasión y calidad artística le valieron que llegara a trabajar con Divito en “Rico Tipo”; y en “Capicúa”.
Arrancó dibujando para la revista “Coche a la Vista”. Su primera publicación fue una situación bastante curiosa. De día serruchaba madera, y después de cenar dibujaba. Una noche se puso a darle al lápiz y mandó el dibujo a esa revista automovilística. En el número siguiente apareció publicado. No lo podía creer. Eso lo envalentonó para ir a triunfar a la Capital.
Estuvo entre los dibujantes más importantes del país, sus trazos sirvieron para publicidades como la de Poxipol, donde aparecía una Torre Eiffel que se quiebra y se arreglaba con ese producto. Lo mismo con la Torre de Pisa y la Piedra Movediza de Tandil. También trabajó en las viñetas que venían en los chicles Bazooka. Y hasta retrató invitados en un programa de TV que conducían Nathan Pinzón y Nelly Laines.
Ya como ciudadano ilustre de Rivadavia, en sus últimos años la YPF del centro de América había pasado a ser su oficina. Dibujaba agarrando un lápiz negro cortito con tres dedos de su mano derecha. Y pasaba tiempo con amigos. Contaba historias del mundo de ayer. De un mundo que ya no existe. Su modestia hacía que los relatos lo ubicaran como testigo, cuando fue sin dudas un protagonista.
Jorge Pablo Rosolén remarcó: «Hay muchas obras de él al aire libre que hay que cuidar. Particularmente el San Bernardo que está en la entrada, es una de las obras más importantes de Garzo, hay que sacarlo de ahí y preservarlo en un lugar cerrado. También me encantaría que en su casa, lugar que donó al municipio en un gesto enorme de su parte, se haga un museo».
«Quiero hacer un agradecimiento a toda la gente de la YPF, tanto a Genjo como a García y a todos los chicos que se han ocupado mucho de él de forma desinteresada. Y hacerle un enorme reconocimiento a Carla Durán, es un ángel absoluto que se ocupaba siempre. Desde darle de comer hasta comprarle los remedios, Ángel vivió los años que vivió gracias a ella» cerró Jorge.
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