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martes 16 agosto, 2022
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Fue inaugurada la «Plaza de la Memoria» en la ciudad cabecera

En el marco de la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se inauguró este nuevo espacio verde ubicado en calle Colón entre entre Nieto e Islas Malvinas – detrás del Cementerio Tradicional – en la ciudad de América. En la parquización se puede ver un monumento con los lemas «Memoria» «Verdad» y «Justicia» como recordatorio de lo que significó el 24 de marzo de 1976 para los argentinos.  

Por otro lado, se descubrió una placa en homenaje a los 30 mil torturados y desaparecidos durante la última dictadura cívico – militar que gobernó en la Argentina. Además alumnos de la escuela secundaria 5 plantaron un árbol. La actividad comenzó con el izamiento de la Bandera Argentina en la plaza Colón y luego los presentes se dirigieron hacia la nueva «Plaza» donde el Espacio de los Derechos Humanos de Rivadavia tuvieron su protagonismo merecido. Al respecto el periodista Nicolás Flores Duperou – en su cuenta de Twitter – manifestó lo siguiente «Felicito a los #Hacedores de la #PlazaDeLaMemoria en América. Y aprovecho a resaltar la figura de Alfonsín, clave en el Juicio a Las Juntas». Del acto protocolar participaron el intendente Javier Reynoso, miembros del Concejo Deliberante (ambos bloques), docentes, alumnos y vecinos de la comunidad.

La oradora fue la profesora Miriam Maidana y dijo – «Estamos acá para hablar otra vez de Memoria, Verdad y Justicia, frase que hemos escuchado muchas veces. Pero la realidad es que son palabras que encierran mucho más que una fecha, son palabras cargadas de dolor, cargadas de lucha y compromiso, son palabras que encierran vidas que no están, vidas que aguantan, y vidas que se encuentran.
Sí, estamos de nuevo acá, para hablar de lo sucedido, estamos de nuevo otra vez, pero nosotros anhelamos que ese -Otra vez – no sea algo redundante. Que no sea solo hablar y tener que escuchar un discurso por compromiso, mientras nuestra historia reciente está llena de interrogantes. Esta vez queremos darle sentido a las palabras y que, por mínimo que sea el cambio, se sumen más miradas.
Creemos que para darle sentido a esto es imprescindible comenzar por varias frases que todos hemos escuchado alguna vez al referirnos a la última dictadura: -Acá no pasó nada – Yo no sabía – Yo no vi nada – ¿Realmente acá no pasó nada?
La memoria es un acto de recreación del pasado, desde la realidad del presente y el proyecto de futuro. Es desde las urgencias actuales que se interroga al pasado, rememorándolo. Por ello nos preguntamos ¿por qué a veces se dificulta pensar que acá sí pasó algo? Y si quisiéramos saber ¿Qué se sabe con certeza sobre qué pasó en nuestro distrito?
Raras veces escuchamos salir de nuestros labios el nombre del Doctor Pedro Gauna, quien vio su vida atormentada por el secuestro premeditado del Gobierno de Facto, pocas veces nombramos a José María Martín, joven que aún sin ser de nuestra tierra, pasó años por las aulas del Instituto América, terminado desaparecido o los nombres de varios otros que fueron secuestrados y de los cuales se sabe muy poco. ¿Por qué no gritamos sus nombres, por qué los dejamos caer en el olvido?
La dictadura nos dejó secuelas pero aunque algunos intenten evitarlo, aquella generación que acallaron halla hoy su equivalente en muchísimos jóvenes que deciden cada día unirse para construir un futuro. Orgullosos debemos sentirnos de ver cómo muchos de ellos se organizan en centros de estudiantes, no sólo por cumplir con un pedido de las instituciones, sino para hacerse oír. No hay nada más fructífero para un país que jóvenes que tengan una verdadera militancia política, más allá de las banderas, ellos demuestran que la labor docente de formar ciudadanos críticos se ha concretizado; dejando en el pasado el miedo que ello conllevaba, permitiéndonos ver que la verdad de las ideas se antepone a todo.
Resulta necesario superar la mera conmemoración de esta fecha para asumir un verdadero compromiso en la construcción de una conciencia ciudadana democrática, para lo cual es indispensable reconocer que el proceso militar tuvo la complicidad de vastos sectores de la sociedad, de sectores económicos, eclesiásticos, de grupos periodísticos.
En 1979, el entonces dictador Jorge Rafael Videla pronunció la frase más cínica y perversa y que definió a la sangrienta dictadura cívico militar: «Le diré que frente al desaparecido en tanto éste como tal, es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo…está desaparecido»
Alguno podría pensar que si ya transcurrieron cuarenta y unos años, ¿Por qué mantenemos tan vivos esos años de horror? ¿Por qué conservamos ese pasado insepulto? ¿Qué nos impide elaborar este duelo? Y la respuesta también está cuarenta y un años atrás, porque fueron precisamente los ideólogos y artífices de la dictadura los que se encargaron de proyectar hacia adelante el horror. Fueron ellos los que hicieron, con sus “desaparecidos”, que no se pueda olvidar. Ellos dejaron hijos sin padres y padres sin hijos. Ellos pretendieron cambiar la identidad de las personas. Ellos los que violaron sin límites los derechos humanos.
No tener historia, es como mirarse en un espejo roto. Sólo a partir de la verdad y la justicia es posible reconstruir la desgarrada trama social. No se puede proyectar y edificar un futuro sobre la endeble base de un olvido forzado que nos impida reconocernos. Pretender hacer “borrón y cuenta nueva” es negar nuestra participación en el proceso de elaboración de la conciencia social.
Estamos acostumbrados como pueblo a vivir en un presente que nos enfrenta, donde la intolerancia de las ideas dispares no aleja en vez de enriquecernos, donde la discusión entre público y privado ensancha la brecha que se prometía cambiar, donde el derecho de uno se ve enfrentado al derecho del otro, provocando en la sociedad destellos de ira que no la engrandecen.
Pasamos los años de democracia aprendiendo de memoria frases prometedoras que lejos están de ser la verdad, lejos están de promover una sociedad justa. Queremos creer que juntos somos más, que sin importar las diferencias el amor vence al odio, que el cambio justo es ver que la patria es el otro, pero la realidad es que no hemos logrado como sociedad crear una revolución de la alegría, y aún no florecen mil flores en los corazones de quienes piensan y sienten diferente.
Rememorar este día implica mirar las huellas del pasado y atrevernos a mirar los ojos del presente.
Si deseamos honrar a aquellos que ya no están, aquellos que se perdieron en las incógnitas del olvido, a aquellos que viven en los corazones de quienes aún esperan, debemos madurar como sociedad, enfrentando el hecho de que aún nos queda mucho por aprender para ser una sociedad justa, y dejar de ver por los ojos de otros y comenzar a ver y oír por nosotros mismos. No hay nada más imposible de encontrar que la verdad, y sin dudas que el camino de la verdad es el más difícil
Pero seguramente es el que dará mejores frutos porque, como dice aquella frase siempre vigente, “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.
Si más allá del día de hoy nos atrevemos a ser fieles a nuestros ideales sin dejar de estar abiertos a la voz del otro con el que convivimos, si realmente más allá del día de hoy nos atrevemos a luchar por pequeños cambios que acaben con las diferencias, entonces habremos logrado tener memoria habremos logrado ser verdaderos, habremos logrado ser un país más justo. Sólo así podremos gritar con orgullo 30.000 Detenidos – Desaparecidos – ¡Presentes! Ahora y Siempre».

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