Lo reveló Juan Carlos Maturana – Cura Párroco de Rivadavia – oriundo de Beruti y de 63 años de edad. «Comencé el seminario a los 26, no sabía qué quería hacer de mi vida. Un día en la iglesia de mi pueblo le pregunté a Dios si me iba a casar o si empezaba el seminario. Lloré una hora, pero sentí una paz y una alegría increíble. Ahí decidí sobre mi vida». Dejó un mensaje para todos los creyentes: «lo importante pasa por ser más amistosos entre nosotros, participar de la misa es un camino al que se llega, lo fundamental es ser más fraternos con el otro».
«Después de terminar el secundario no tenía muy claro que hacer, pensé en ser médico y arranqué la escuela de enfermería en Trenque Lauquen, que por falta de presupuesto cerró a los tres meses. Me tocó la colimba y cuando volví para retomar, la escuela estaba cerrada» contaba Maturana en una entrevista con el periodista Nicolás Flores Duperou por 104.1 y la cadena de medios que retransmiten (99.9 González Moreno – Canal 2 – FM Nic Fortín Olavarría). El sacerdote explicó que «por ese motivo comencé a trabajar, ayudaba en la Iglesia y daba comunión, también hacía retiros. No tenía muy claro mi rumbo, pero creía que ni loco iba a ser cura».
Respecto de sus comienzos manifestó «en un encuentro mis alumnos de catequesis que tenían 10 años me preguntaron ¿Juan Carlos cuándo va a entrar al seminario?, yo les dije que para eso hacía falta vocación, y ellos me dijeron ¿y vos no la tenés?, esa noche no pude dormir». Aseguró que le llevó un tiempo decidirse y que esperó a que ese grupo tomara la primera comunión – «ellos la tomaban el 8 de diciembre, por eso fui el día antes a la Iglesia de Beruti a rezarle a la Virgen, pero no recibí respuesta. El 8 volví y tampoco encontré lo que buscaba. Recién el día 9, cuando estaba otra vez rezando, decidí ir al sagrario y le dije a Dios que si quería que fuese cura ahí me tenía…lloré mucho, pero nunca más volví a sentir la alegría y la paz de ese momento».
Por otra parte el sacerdote expresó lo importante que se volvió ese día en su vida – «cuando a veces tengo ganas de largar todo, que ya no aguanto más, vuelvo de nuevo a ese día. Uno se manda macanas o no es tan fiel como debe serlo, pero recuerdo ese momento en que Dios quiso esto para mí y recupero las ganas y las fuerzas». Su camino como Cura Párroco antes de arribar a América fue La Plata y Mercedes mientras hacía el seminario, también estuvo en un Leprosario –«era un lugar entre General Rodríguez y Lujan, una experiencia muy fuerte para mí, donde había unos 700 leprosos». Después que se ordenó recaló en 25 de Mayo como ayudante – «ahí pasé momentos muy lindos pero sin dudas el lugar que más me marcó fue Tres Algarrobos, fue mi primera parroquia». Luego estuvo en General Villegas, Lincoln, 9 de Julio, Bragado, Carlos Tejedor, Pellegrini y Trenque Lauquen.
Cómo es su día a día en Rivadavia: El Cura contó que durante la semana se dedica a recibir a los catequistas y cursillistas y a los fieles que acuden para hablar con el. «También me gusta mucho ir a los pueblos, y dedico un día a la semana a visitarlos, salvo que el clima me lo impida». Por último, Maturana dejó un mensaje para todos los fieles – «creo que participar o no de la misa no es lo más importante, es un camino al que se llega después de un tiempo. Lo fundamental está en ser más amistosos y fraternos entre nosotros los católicos. Primero por seres humanos y después por la Fe que nos une. Hay que tratar de ser más cordiales y estar más unidos con el otro».




