Los delincuentes tuvieron varias horas por delante para cometer el robo – “Sospechamos que nos vieron cuando cargábamos las cosas”. Lo curioso, refirieron los damnificados, es que supieran que “justo” esa unidad iba a estar sin gente durante un buen tiempo. El botín consistió de 1.200 pesos, una notebook, una tablet, un cargador de celular y dos pulseras de oro.
Ese mismo día, también robaron en el inmueble que está enfrente, al lado de un supermercado chino – Algunos vecinos aseguraron haber visto a dos sujetos que “merodeaban” por la cuadra. “A fines del año pasado, entraron a este mismo edificio, a los dos departamentos del séptimo y a uno del octavo piso. Uno se había ido al cine, otro a la facultad y el restante de vacaciones. ¿Cómo sabían que no había nadie?”, se preguntó una de las víctimas.
Testimonio de la damnificada – «Esta vez nos tocó a nosotros, y una vez más hay que agradecer que no nos pasó nada. Poder decir que tuvimos suerte porque no llegamos cuando ellos aún estaban adentro. Adentro de MI CASA, CON MIS COSAS, revolviendo absolutamente todo lo que encontraban. Hoy no me conformo con decir, al menos estamos bien. Basta de tener que conformarse y de acostumbrarse a esto, basta de normalizar este tipo de hechos.
Todavía me dura la impotencia y la amargura de llegar y encontrar mi casa en la forma en la que encontré.
Lamentablemente en este país, estas lacras – porque no puedo llamarlas personas – tienen más privilegios que nosotros y se nos cagan de risa en la cara. A esos tipos que se tomaron el trabajo de entrar a mi casa les deseo lo peor en esta vida, solo eso».




