El complejo de la mancha blanca, una enfermedad del maíz causada por la interacción entre la bacteria Pantoea ananatis y un hongo oportunista. El experto Roberto De Rossi, explicó en el bloque ‘El Campo y la Ciudad’ por la FM 104.1 en América en entrevista con el ingeniero Daniel Trasmonte, que aunque la bacteria reside habitualmente en el cultivo, solo se vuelve patogénica bajo condiciones específicas de alta humedad y temperaturas templadas, transformando lunares cosméticos en lesiones severas que comprometen el rendimiento. La clave es la prevención mediante el monitoreo, el uso de genética tolerante y la gestión de fechas de siembra tardías para anticipar el avance de la plaga hacia el sur de la región agrícola argentina.
Esta enfermedad que ha cobrado gran relevancia en las últimas dos campañas en Argentina. El ingeniero ‘Tino’ De Rossi, docente e investigador de la Universidad Católica de Córdoba, habló sobre este fenómeno.
Naturaleza de la enfermedad: Un complejo biológico
Lo que comúnmente llamamos mancha blanca es en realidad un complejo que involucra dos agentes:
- Bacteria (Pantoea ananatis): Es la que inicia la sintomatología. Esta bacteria vive normalmente en el cultivo de maíz de forma epífita (sin causar daño), pero bajo ciertas condiciones ambientales y de densidad poblacional, pasa a un estado patogénico, generando lesiones en los tejidos.
- Hongo (Phaeosphaeria): Este hongo se asienta sobre las lesiones ya provocadas por la bacteria, acelerando la muerte de las células de la hoja.
Condiciones predisponentes
La enfermedad requiere de tres factores ambientales clave que se han dado de forma excepcional en los últimos años:
- Abundante humedad: El mojado foliar persistente es fundamental para que la bacteria actúe.
- Temperaturas templadas: No debe haber estrés térmico extremo.
- Noches frescas: Esta combinación es la que permite que la bacteria «cense» el ambiente y ataque al cultivo.
Sintomatología y diferenciación
La mancha blanca se manifiesta como lunares blancos o lesiones blancuzcas en las hojas. Es crucial no confundirla con el «lunar blanco», una afección cosmética causada por derivas de herbicidas u otros agentes que no afectan el rendimiento. La diferencia radica en que la mancha blanca agresiva presenta una gran cantidad de lesiones (15 a 20 por hoja) que terminan uniéndose para formar parches, afectando la capacidad fotosintética de la planta.
Estrategias de manejo y control
Dado que la bacteria convive con el cultivo, el manejo debe ser integral.
- Genética: Es la herramienta fundamental. Se ha observado que algunos híbridos tienen un mejor comportamiento natural frente a la enfermedad que otros.
- Fechas de siembra: Los maíces tardíos son los más afectados debido a que las condiciones de humedad y horas de mojado foliar son mayores durante su ciclo. Las siembras tempranas suelen escapar a los ataques graves.
- Uso de fungicidas: Aunque no matan a la bacteria (no son bactericidas), actúan de forma preventiva creando una barrera que dificulta el ingreso del patógeno a la hoja. Una vez instalada la enfermedad, su eficacia es nula.
- Rotación de cultivos: Ayuda a disminuir la población inicial de la bacteria en el rastrojo, evitando que alcance el umbral necesario para volverse patogénica.
Impacto económico y futuro
Aunque en Argentina se están validando los datos de mermas de rendimiento mediante redes de fitopatólogos, en países como Brasil se estima que la enfermedad puede ser muy agresiva si afecta las hojas principales. La importancia del tema es tal que será un eje central en los próximos Congresos Nacional e Internacional de Maíz y en el congreso de Aapresid.
A diferencia de otras enfermedades como el tizón, la mancha blanca no parece estar tan limitada por las fronteras térmicas, sino por la humedad, lo que implica que podría avanzar hacia zonas más al sur, como el norte de Buenos Aires, si las condiciones climáticas lo permiten. Audio de la entrevista




