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martes 16 agosto, 2022
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LLEGÓ MARCHÁN A LA ARGENTINA Y SU FAMILIA DE AMÉRICA FUE A RECIBIRLA

La piquense María Rosa Marchán regresó a su ciudad y fue recibida en la terminal de colectivos por familiares y allegados que desde las 7 aguardaban su regreso. En el micro que la transportaba desde Buenos Aires junto a su madre, Martina Giménez, también estaban sus hermanas, Susana, Sandra y Claudia.

Ni bien pisó el suelo de nuestra ciudad se fundió en abrazos interminables con cada uno de los familiares que desde el 28 de octubre pasado esperaban ese momento. Se fueron multiplicando las emociones y las lágrimas, los medios locales estaban en conocimiento previo de que María Rosa no quería hablar por la sencilla razón de que se encontraba muy nerviosa. El respeto en ese sentido fue total aunque en ningún momento puso reparos para sacarse una y mil fotos junto a los suyos, respondiendo afirmativamente ante cada imagen que proponían los reporteros gráficos. La única expresión que se escuchó por parte de María Rosa Marchán fue “Gracias, ahora soy feliz”. Mientras se sucedían los saludos, su madre Martina miraba cada paso de la hija que recién pudo volver a ver luego de 13 años, suceso que ocurriera el 11 de diciembre en Ezeiza. “Tantos años esperando este momento, al final llegó y es lo más lindo que nos ha pasado en todo este tiempo. Lo importante es que ella está bien a pesar de todo. Está tan linda como se fue. Realmente estamos muy emocionados, vamos a pasar una Navidad como la venimos soñando desde hace más de doce años”, dijo Martina.

“Ahora volvemos a la realidad, todo esto fue una pesadilla”

Sus familiares habían colgado frente al lugar donde atracaría el micro carteles que saludaban su regreso y expresaban los sentimientos contenidos por más de una década. Por algunos segundos la mirada de María Rosa Marchán se clavó en esas especie de banderas, allí brotaron más lágrimas, las mismas que habían surgido cuando se abrazó con su cuñado, Agustín Peñaloza o con cada uno de sus sobrinos. Casi inmóvil, con el llanto contenido y soltando sonrisas permanecía otra observadora, aunque también una mujer que durante más de doce años puso todo y mucho más para que el corazón estuviera cerca de su hermana a pesar de los miles de kilómetros que las separaban, la referencia es para Susana. Como tantas veces accedió a hablar con La Reforma, lo hizo con su característico tono bajo pero teñido de profunda emoción: “Contenta y feliz de poder tenerla otra vez con nosotros, feliz de que todo haya pasado. Vamos a pasar una feliz Navidad, lo único que me importaba era traerla de regreso a casa. Queríamos estar todos juntos y lo hemos logrado. Ahora volvemos a la realidad, todo esto fue una pesadilla. Cada fiesta, cada cumpleaños, nos embargaba mucho dolor y sufrimiento”. “La verdad es que la encontré mejor de lo que me esperaba. Ella lógicamente está un poco nerviosa al ver tanta gente, principalmente periodistas. En su momento seguramente hablará con ustedes, solo queremos que respeten este momento que estamos viviendo y que creo que nos merecemos”, concluyó Susana Marchán. Hay que mencionar que durante jueves y viernes en forma insistente medios nacionales realizaron numerosas llamadas a la familia Marchán para intentar convencerlos de que visitaran innumerables programas de televisión, con promesas como la de hacerse cargo de alojamientos y estadías. Al mismo tiempo se supo que sus familiares en Buenos Aires sufrieron los efectos de una intensa y fuerte tormenta la semana pasada que terminó volando el techo de la casa, por lo que todos debieron permanecer en un hotel.

Condena por un crimen que no cometió          maria

María Rosa Marchán fue detenida en Miami el 1 de febrero de 2002 en relación al homicidio del comerciante Agustín Morales, un hombre de 61 años cuyo cuerpo fue encontrado dentro del baúl de su auto el 12 de enero en estado de descomposición porque había sido asesinado dos semanas antes. Para la policía yanqui el principal sospechoso era su entonces novio, el cordobés Roque Esteban Calafell, pero él se embarcó a la Argentina el 16 de enero y dejó a la piquense sola en Miami. Hoy este hombre y luego de permanecer prófugo, aguarda ser llevado a juicio en Estados Unidos. La piquense y el cordobés se fueron en el último cuatrimestre de 2001 en busca de un mejor futuro, eligieron el país del norte. Hicieron lo que tantos jóvenes hacían por aquellos años, abandonar Argentina ante la tremenda inestabilidad laboral y social. La crisis parecía derrumbar nuestro país. Desde aquel momento Martina Giménez, la madre de María Rosa, no volvió a verla hasta el jueves pasado. Desde el momento de su detención autoridades argentinas encabezadas por la entonces embajadora, Mireya Regazzoli, se pusieron a su disposición, hasta intervino el reconocido abogado Miguel Ángel Pierri. Los intentos para demostrar su inocencia fueron en vano y finalmente se precipitaron los hechos que depositaron a la piquense en una cárcel de los Estados Unidos. Asesorada por un defensor oficial de Miami, Howard Loubel, fue acusada de asesinato en primer grado, un delito sancionado con pena de muerte. Además le imputaron robo a mano armada. Al final no hubo juicio y ante la posibilidad de recibir la pena capital, aceptó declararse culpable de homicidio en segundo grado y terminó negociando con la fiscal del condado de Dade, Gail Levine, una pena a 15 años. El caso quedó formalmente cerrado el 29 de julio de 2005.                            “Ella firmó un papel en inglés, y no sabía una palabra de inglés, del cual el Estado argentino nunca pudo saber qué firmó. Nosotros teníamos determinado que en el momento en que se produjo el asesinato de Morales, ella estaba en el hotel. El novio Calafell la dejó y se volvió a Argentina, y a ella le hicieron firmar un papel en inglés, sin asistencia del consulado argentino y se hizo cargo, como decimos nosotros, de la muerte de Gardel, porque no se sabe lo que firmó”, recordó Regazzoli, quien en ese año cumplía funciones diplomáticas en Miami. Incluso afirmó que la fiscal conocía perfectamente el idioma español porque había realizado un master en Derecho Romano en Córdoba, Argentina, pero había que dirigirse a ella en inglés. La reducción de la pena se dio por su buena conducta y la actitud de María Rosa en progresar como fue terminar sus estudios secundarios, aprender inglés y capacitarse en computación. Fue liberada el 28 de octubre pero trámites migratorios y de otra índole, postergaron su arribo al país. El 11 de diciembre llegó a Ezeiza y ayer piso suelo piquense luego de 13 años. Como dicen sus familiares “la pesadilla se terminó, ahora vamos a vivir la realidad”. Seguramente lo mismo pensará María Rosa Marchán.

Fotos e información, gentileza de La Reforma y de InfoPico.

 

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